Cada persona, en su existencia, puede tener dos actitudes: construir o plantar. Los constructores un día terminan aquéllo que estaban haciendo y entonces les invade el tedio. Los que plantan a veces sufren con las tempestades y las estaciones, pero el jardín jamás para de crecer.
Cada ser humano tiene, dentro de sí, algo mucho más importante que él mísmo: su don.
Cada trecho recorrido enriquece al peregrino y lo acerca un poco más a hacer realidad sus sueños.
Cada uno tiene su manera de aprender.
Ciertas cosas son tan importantes que necesitan ser descubiertas solas.
Ciertas personas, en el afán de querer construir un mundo donde ninguna amenaza externa pueda penetrar, aumentan exageradamente sus defensas contra el exterior y dejan su interior desguarnecido.
¿Cómo entra la luz en una persona? si la puerta del amor está abierta.
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